¿Se puede extrañar un lugar en el que nunca has estado? ¿Por una década en la que ni siquiera habías nacido? La respuesta corta es sí, y tiene un nombre: anemoia.
A diferencia de la nostalgia tradicional (que se alimenta de los recuerdos personales y de las vivencias propias), la anemoia es una nostalgia histórica o prestada. Un sentimiento de anhelo por una época, lugar o evento que nunca has vivido en carne propia y que solo conoces a través de libros, películas, música o historias.
El término fue acuñado originalmente por el escritor John Koenig en su proyecto lingüístico The Dictionary of Obscure Sorrows (2021), una recopilación de palabras inventadas para descubrir y describir la condición humana y la complejidad de los sentimientos a través de un lente poético.
Para entenderlo, debemos dejar de ver la memoria humana como una videocámara que graba la realidad de forma exacta e inalterable. Un documental de Deutsche Welle, la cadena de televisión pública y servicio de radiodifusión internacional de Alemania, explica que todo el tiempo la memoria está cambiando. Cada vez que revisitamos nuestros recuerdos, les damos una nueva interpretación acorde a la nueva información que tenemos disponible o lo que estamos sintiendo en dado momento.
Si podemos alterar nuestros propios recuerdos, es totalmente factible que nuestro cerebro sea capaz de tomar fragmentos de películas, fotografías, relatos de nuestros padres y estéticas de internet para construir una versión idealizada y reconfortante de una época anterior. De aquí también se explica la popularidad de la frase «cualquier tiempo pasado fue mejor».
El «Filtro de Hollywood»
El marketing actual y las plataformas de entretenimiento han encontrado en esta nostalgia pre-fabricada una gran oportunidad. Series como Bridgerton (que evoca la Época de la Regencia) o Stranger Things (que evoca la década de los 80s), actúan como «máquinas del tiempo» que solo nos muestran la mejor versión de su estética (locaciones y moda) con un giro moderno para hacerla más cercana (como adaptaciones de canciones pop actuales a orquesta en Bridgerton).
El riesgo de esta mezcla es que el giro moderno muchas veces ignora problemáticas reales de la época: Hacer que la reina de Inglaterra y parte de su corte sean afrodescendientes en Bridgerton, mostrando una total integración cuando en verdad la sociedad de esa época estaba altamente estratificada con contadas personas aristócratas de piel oscura.
Otro ejemplo es en Stranger Things, que incluyeron a Robin Buckley y Will Byers como personajes homosexuales aceptados entre su grupo de amigos. Si bien en 1973 dejó de considerarse la homosexualidad como una patología, durante los 80s todavía había rechazo social y legal, haciendo que la mayoría opte por ocultar su preferencia sexual por miedo a perder su empleo o sufrir agresiones físicas en la calle.
Cuando anhelamos las épocas que vemos en televisión (o streaming para ser más exactos), no extrañamos el pasado real. Extrañamos la idea del pasado que la cultura pop ha construido.
Esto tiene éxito porque en el mundo acelerado y saturado de información en el que vivimos, estas épocas nos dan un espacio más simple y seguro, libre de las presiones de nuestra vida real y todo lo que conllevan. Comprar vinilos, vestir ropa con tipografía setentera o descargar un filtro para las fotos de redes sociales no es solo una elección estética. Es el intento de capturar un pedazo de una historia que no nos pertenece.
Para conocer más aplicaciones de la nostalgia en el consumo, lee Reinterpretar el ayer. ¿Quieres conocer cómo tú también podrías aprovechar este sentimiento en tu marca? Continúa tu lectura en Más allá del filtro sepia. Si quieres explorar más sobre la nostalgia, te recomendamos Cazadores de recuerdos.

